- Las verduras de hoja, como las espinacas, la rúcula, las hojas de remolacha, la lechuga o el perejil, tienen un alto contenido de calcio (necesario para la salud de los huesos), hierro (vital para no padecer anemias). Además de fósforo, potasio y aportan grandes cantidades de Vitaminas, especialmente Vitamina C y de antioxidantes.
- Las verduras ecológicas de la familia de las solanáceas como la berenjena, los tomates y los pimientos tiene mucha Vitamina C. Son buenas fuentes de potasio (un regulador natural de la presión arterial) y especialmente los pimientos rojos y los tomates, aportan enormes cantidades de licopeno (el pigmento que les da color) un poderoso antioxidante.
- Las zanahorias, remolachas y nabos son verduras ecológicas altamente nutritivas, que aportan todo tipo de vitaminas, en especial la C y la A. Y gracias a su alto contenido de fibra facilitan la digestión y el movimiento intestinal. Además, son saciantes, tiene bajos contenidos calóricos y son muy versátiles de preparar.
- Las cucurbitáceas, como la sandía y el melón, son una maravillosa fuente de fibra vegetal, ideal para mantener una buena salud digestiva. Pero también aportan minerales, vitaminas y oligoelementos. Y tienen un enorme poder de hidratación, algo que resulta vital en esta calurosa época del año.
- Las fresas y las cerezas aportan muchos antioxidantes y Vitaminas, que previenen el envejecimiento y fortalecen el sistema inmunológico. Las llamadas frutas de hueso (melocotones, nectarinas, ciruelas, etc.) también aportan vitaminas y una buena dosis de minerales. Además de proteínas vegetales y betacaroteno, tan necesario para proteger la piel de los rayos UV. Alimentos ecológicos de verano y sus propiedades.

HABLEMOS DE ECOTURISMO
El ecoturismo, simplificando mucho, consiste en viajar por áreas naturales/rurales sin perturbarlas, con el fin de disfrutar, apreciar y estudiar tanto sus atractivos naturales (paisajes, flora y fauna silvestres), como las manifestaciones culturales que allí puedan encontrarse (patrimonio arquitectónico, costumbres culinarias, riqueza lingüística, agroecología, artesanías…).
En definitiva: conocer y gozar de la biodiversidad y de la enorme variedad cultural de nuestro planeta, que la globalización y el turismo de masas quieren atenuar a toda costa. El ecoturismo tiene unas características intrínsecas que le diferencian de otros tipos de viajes, que, aunque puedan parecerle similares al profano, en realidad no lo son.
El turismo ecológico no se puede entender sin la participación activa, directa e indirecta, de las comunidades locales. Puesto que son las que tienen que decidir sobre sus patrimonios culturales y regionales. Y además deben ser las legítimas beneficiarias de los recursos generados por ese turismo sostenible. Por más bella y rural que sea una zona, si los vecinos son explotados por una multinacional, te lo vendan como te lo vendan no es turismo responsable ni ecológico.
Al convertirse en un medio de vida que permite cubrir sus necesidades económicas, el ecoturismo educa. Y fomenta que las comunidades que habitan los sitios con riquezas naturales excepcionales se conviertan en sus más fervientes defensores. Y quien conoce y cuida sus posesiones, transmite el conocimiento, velando siempre por la preservación de los mismos.

TERMITAS: ‘MAESTROS’ DE LOS EDIFICIOS SOSTENIBLES
Entre las aproximadamente 2000 especies conocidas de termitas, algunas son ingenieras de ecosistemas. Los montículos construidos por algunos géneros, por ejemplo, Amitermes, Macrotermes, Nasutitermes y Odontotermes, alcanzan hasta ocho metros de altura, lo que los convierte en algunas de las estructuras biológicas más grandes del mundo.
La selección natural y la evolución les ha permitido mejorar el «diseño» de sus montículos durante decenas de millones de años. ¿Qué podrían aprender los arquitectos e ingenieros humanos de estas criaturas y sus edificios?
En este nuevo estudio, los investigadores demostraron cómo los montículos de termitas pueden enseñarnos a crear climas interiores cómodos para nuestros edificios. Lo que nos permitiría ahorrarnos el aire acondicionado y la consiguiente producción de CO2.

