MEDIO AMBIENTE

LA BÓVEDA DEL FIN DEL MUNDO.

Maria Simoza

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febrero 14, 2023

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Todos los países del mundo tienen sus propios bancos de alimentos, un sitio donde se guardan muestras de semillas en previsión de que, por una u otra causa, en determinados lugares desaparezcan dichos cultivos y haya que reponerlos.

Los bancos de semillas locales de todo el mundo sirven como una medida esencial de la seguridad alimentaria. Ofrecen variedades de plantas a los científicos y los agricultores de la región, en el caso de que por enfermedad o por problemas de otra índole se pierdan los cultivos locales.

Svalbard es el centro de un sistema de bancos de semillas a nivel mundial. El mismo está diseñado para recoger y almacenar cientos de miles de variedades, que abarcan casi todas las plantas que alguna vez han sido cultivadas por los seres humanos. Y cuyos orígenes se remontan a los albores de la agricultura.

Se trata de una instalación a prueba de fallas construida de tal forma que es capaz de resistir el paso del tiempo, las catástrofes de origen natural y las que provocan los seres humanos (contaminación, armas, etc.). La Bóveda del fin del Mundo representa la mayor colección de biodiversidad de cultivos del planeta.

Conserva millones de semillas, más de 860.000 variedades de cultivos importantes de todo el mundo. Y representa algo así como una “copia de seguridad” que tiene por objetivo proteger a la humanidad del hambre en caso de desastres naturales, guerras y los problemas ocasionados por el cambio climático.

La Bóveda del Fin del Mundo se ha construido para asegurar la preservación de la vida de los seres humanos sobre un planeta que ellos mismos se están encargando de destruir de las más diversas formas. Parece paradójico, pero esa es la triste realidad

Por lado, los seres humanos generamos contaminación sin precedentes, nos matamos entre nosotros, destruimos el Medio Ambiente y agredimos al resto de los seres con nuestras acciones. Y por otro, somos capaces de preservar semillas y de asegurarnos la supervivencia en caso de catástrofes.

  • ANIMALES QUE VIVEN EN LA ANTÁRTIDA.

El continente antártico ostenta el título del lugar más frío de la Tierra y es un extenso territorio cubierto de hielo, azotado por fuertes vientos fríos y sin luz solar en invierno. Aun así, unas pocas especies se han adaptado a vivir en tan duro escenario. En esta lista encontrarás algunas de ellas.

  • Págalo o Skúa Polar del Sur: Son grandes aves marinas con alas voluminosas que se reproducen en la costa de la Antártida. Les gusta vivir en zonas de mar abierto, crecen hasta alcanzar un tamaño de medio metro y son de color marrón grisáceo. Las skúa comparten un mismo nido con un solo compañero año tras año. Anidan cerca de las colonias de pingüinos, para obtener alimentos más fácilmente, especialmente peces y polluelos de otras aves. En temporada de invierno migran al océano Pacífico Norte.
  • Petrel de la nieve: Los petreles blancos (Pagodroma nívea) también se crían exclusivamente en la Antártida. Pasan la mayor parte del tiempo en el agua o en los icebergs de hielo. Es muy difícil identificar esta ave, ya que tienen el cuerpo blanco y se mimetizan a la perfección con el medio ambiente. Anidan en altos acantilados cerca del mar y se alimentan de pequeños peces y calamares. Necesitan 45 a 50 días para incubar sus huevos y tras la eclosión cuidan a los polluelos en parejas por dos meses más.
  • Orca: Las orcas (Orcinus orca) son cetáceos dentados, que se encuentran en todos los océanos, entre ellos el Antártico. Cazan una gran variedad de presas: peces, pingüinos, focas e incluso otras ballenas. Pueden medir hasta 9,5 metros y pesar de 10 a 11 toneladas. Son muy comunes en el mar de la Antártida, aunque en invierno emigran hacia aguas más cálidas. Viven en grandes grupos, son muy sociables y se organizan para cazar y cuidar de las crías del grupo.
  • Foca cangrejera: La foca cangrejera (Lobodon carcinophagus) pasa la mayor parte de su vida en los hielos antárticos. Aunque son capaces de desplazarse grandes distancias en busca del krill, su alimento principal (se sumergen en las zonas más profundas para conseguirlo). Con un peso de entre 200 y 300 kilos y una longitud de hasta 2,5 metros, es capaz de nadar a más de 25 km/h. Y se cree que habitan la Antártida desde hace más de 23 millones de años. Su esperanza media de vida en la naturaleza está en los 20 años.
  • Elefante marino: Los elefantes marinos del sur (Mirounga leonina) son los más grandes del continente antártico. Crecen unos 2 metros y pesan hasta 4 toneladas. Viven colonias multitudinarias y los machos luchan entre sí por el dominio de sus territorios y de las hembras. Se reproducen en tierra, pero durante la temporada de invierno, pasan la mayor parte del tiempo en el océano Antártico. Se alimentan de peces, calamares y crustáceos que encuentran en la naturaleza. Las hembras pueden pasar grandes temporadas sin comer mientras crían a los bebés.
  • Pingüino barbijo: Los barbijos (Pygoscelis antarcticus) son la segunda especie de pingüinos más grande de la Antártida. Con una población casi 12 millones de individuos. Su nombre se debe a la estrecha y característica banda de color negro que tiene debajo de la cabeza. En invierno viven en los icebergs más grandes. En la época estival, hacen nidos en tierra usando piedras de diferentes tamaños, donde ponen hasta dos huevos. Cuando nacen los polluelos son cuidados por ambos progenitores. Se alimentan de camarones, krill y peces pequeños.
  • Pingüino emperador: El pingüino emperador (Aptenodytes forsteri) es el más grande de todas las especies de pingüino y es endémico de la región antártica. Crecen hasta los 115 cm y pesan entre 40 y 45 kilogramos. Es la única especie de pingüino que se reproducen en la temporada de invierno en la Antártida. Ponen un solo huevo y el macho se encarga de empollarlo y cuidarlo mientras las hembras salen a buscar alimento. A la vuelta regurgitan lo que han comido para alimentar al polluelo y a su pareja. Son monógamos, pero se ha comprobado que pueden ser animales bisexuales.
  1. LOS INCENDIOS FORESTALES.

Se le llama incendio forestal, a aquel que involucra amplias zonas arboladas, como pueden ser los bosques, montes o selvas. Lo aconsejable es evitarlos tomando medidas de prevención, la primera de las cuales es la limpieza de las áreas propensas a arder (quite de ramaje superficial, retirada de basura, plásticos, metales y cristales, etc.).

Hay muchos factores que influyen y a veces hasta confluyen, para que se ocasione un incendio forestal. Las modificaciones climáticas debidas al calentamiento global, como las sequías prolongadas o las tormentas secas (sin lluvias, pero con rayos). Y la deforestación para destinar los nuevos terrenos a la agricultura y ganadería, se suman a la negligencia o codicia humanas y conforma el escenario ideal de estas enormes catástrofes ígneas.

El objetivo principal de quienes combaten los incendios forestales es prevenir el daño a las personas, a sus propiedades, a la flora y fauna autóctona y al medio ambiente en general. El grave problema que tienen los bomberos es que, cuando se desatan estas hecatombes de fuego, los seres humanos están en franca desventaja frente a ellas.

Sin lugar a dudas, la alerta temprana resulta de importancia vital para poder contener y apagar el fuego. Especialmente en las zonas propensas a sufrir incendios forestales y en las épocas más secas y cálidas del año, es fundamental conocer lo antes posible la ubicación de los primeros focos, para sofocarlos lo antes posible y evitar males mayores.